Todo artista conlleva un objetivo profesional y es lograr ser recordado luego de su muerte. Sin embargo, no se recuerda a un artista sólo por el impacto estético de su obra, sino porque su creación logra perdurar en el tiempo con identidad, autoría y respaldo. Aquí es donde juega un papel crucial su legado cultural, el cual no se improvisa: se construye. En este artículo, se pretende ilustrar cómo un artista puede empezar a construir su legado para el mañana.
Una obra de arte puede conmover hoy, pero si mañana no es posible acreditar quién y dónde se creó, así como tampoco su proceso de creación, se correrá el riesgo de quedar en el olvido. En el mundo del arte, así como cualquier otro rubro, lo que no se documenta carece de existencia, y lo que no se puede comprobar difícilmente se pueda considerar como patrimonio cultural.
En el proceso de la construcción del legado, los artistas dejan de ser únicamente creadores y asumen un rol activo en la gestión de su propia memoria cultural. En este caso, el registro de las obras de arte no es solo un trámite burocrático, sino un acto de afirmación autoral. Estos registros permiten fijar una prueba fehaciente y clara de autoría, fecha y origen, facilitando su reconocimiento en el tiempo.
La construcción del legado no finaliza con el registro formal. Aquí es donde viene a sumar, la forma de transferir o dar a la venta una obra. Donde los certificados de autenticidad, archivos de exposiciones, catálogos, publicaciones y correspondencia, cumplen una función: que no es sólo acreditar derechos, sino que también, narrar el recorrido de la obra dentro del ecosistema artístico.
No todos los artistas registran sus obras desde el inicio, y ello no implica que su legado esté perdido. Existen mecanismos alternativos de comprobación documental, como publicaciones fechadas, exposiciones acreditadas, archivos digitales o contratos, que permiten vincular la obra con su autor, así como también, con la persona que la posee.
Por último, construir un legado cultural no es un gesto de ego, sino de responsabilidad propia de su creador. Cuando un artista documenta y ordena su producción, protege su nombre, su obra y su lugar en la memoria colectiva. Porque el arte puede aspirar a la eternidad, pero la memoria necesita estructura para sobrevivir y ser recordada.
Luis Armando Alvarez,
Abogado, Universidad Santa María, VE.
Esp. Propiedad Intelectual, Universidad de Los Andes, VE.
Máster en Comunicación e Industrias Creativas, Universidad de Alicante, ES.